Carta al Legente

   Sintra,

4 de Julio de 1998

 

 

(Para Lúcia Castello Branco, y sus alumnos)

 

 

Querida Lúcia,                 

 

_________________ fáltame una flor

blanca para componer, con rigor,

un ramo lila.  Esos, son los colores de hoy. Y, para

   saber con rigor donde me encuentro, hoy, fui al periódico a verle la fecha. La comparé, intuitivamente, y en silen-

cio, con la misma fecha de los años anteriores. Con la perturbación de escribir,

    sentí que la vida crece para una forma                    o ramo, que    

espero todavía ver.

   Fluctúa sobre la línea de los libros,

desde los primeros, y

desde los anteriores a los primeros,

que no escribí y cosecho, en cada uno, la flor emblemática

de su recordación. A este cosechar lla-

maré autobiografía de un legente.

    Alguien que cosecha la flor que falta para que se calme mi perturbación per-

sonal,

alguien que cosecha el tono de cada uno de los títulos que escribí,

alguien que traiga el ramo que

 hice de mi vida

 

al hecho de leerme identificada con el legente que se extiende, más

esbelto e inquieto,  

al lado de la que escribió. En cada libro

escrito hay – leído, un zaguán, un soportal.

Entrar, de nuevo, por ellos adentro,

y repetir el acto de amor con que los escribí. Aceptar el pedido

que me hacen

de entrar otra vez,

y de sentarme, perturbada por el cuerpo, donde el legente preferir

sentarme con él a saborear el matiz, la línea, el tono,

decirle “es pensamiento”,

y dejarlo de nuevo, caer de la memoria, en el hilo de agua del texto.

     A esa autobiografía que escribiré conmigo, con ella leyendo, lla-

maré Ramo,

subentendiendo el árbol florido

en el prado de mi casa

o en el corredor de mi vida.

     Pues el texto___________________________________

 

Más arriba de la fuente hay otro libro – El Señor de

Herbais –, que es el lugar yermo donde la figura del legente nació para acompañar la singularidad de esta escritura. Él comparte conmigo el

dolor del sentido que aparece, y se

desvanece.

    Pero nunca  el sentido progresivo se ocultó.

 

Hay todavía otro libro emergente

de hombres marginales, a sostener, bajo la voluntad dilacerante

de los      poderosos,        el texto del mundo. Es un

dolor rápido que los agacha de manos

agarradas al vientre.  Nunca más le llamaré Joshua, Compañeros y Amantes, sino

El Hombre Desnudo.

     Pienso en las compañías estelares de

galaxias y en el brillo que asumie-

ron,   a mis ojos,   los sin tierra y los

Vagabundos. Legentes del dolor sin saber leer. Desprovistos de

actos voluntarios, nacieron con hambre.

     Y está establecido por la ficción (que no el texto) del mundo que pasarán ham-

bre 

y

      Es urgente que sepan que la enfermedad de que sufren

es la que tuvo – de que continua a padecer –, Baruch Spinoza.

     Tengo que volver a Herbais para, con una estaca, firmar

ahí mi vida. A ese territorio contem-

plativo de los legentes  

antes de partir para la batalla

que les ha de                  multiplicar

las fuerzas

y decuplicar el ojear reticente.

 

     Continúo a leer quien lee, en una música acelerada – cascada rápi-

da de intuiciones y fulgores. Salí

para mi patio, en otro lugar diferente de este la pujanza

se acumula y borda nuevo texto  del cual tengo absoluta necesidad. Quiero compartir-

lo   y    leerlo. Empezáis a venir, dán-

dome compañía  que yo por nada cambiaría.

    Es la cumbre del jardín que el pensamiento permite,   conforme  es-

cribí  un día.

 

    Talvez todavía tenga otro libro que surja por detrás de la toalla con que limpio el ros-

tro esta mañana. Me olvidé ciertamente de algún, para él solo encetar, en este

momento, el camino de lo desconocido.

Uno de los legentes dijo:

          Conocemos profundamente el descanso del texto.

 

   Estoy más próxima de la muerte,

y        sé que voy a partir.

    Finalmente, yo pasé apenas por la escri-

tura.   Palabra femenina como yo.

Estoy acrecentándole  un ramo, mientras

crece el árbol florido _________________________________

 

 

                                   M Gab

                                ____________

Llansol

 

(Trad.: Orlando Rodríguez Marenco e Vania Baeta Andrade)

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